Saldías, el primer silenciado

Adolfo Saldias

A menudo se considera a Adolfo Saldías el precursor del revisionismo histórico argentino. Esta escuela, que se centró principalmente en la revalorización de la figura de Juan Manuel de Rosas comenzó a fines del siglo XIX, y tuvo sus últimos exponentes hacia mediados del siglo XX, cuando ya había aportado bastantes hechos para agregar, y muchas veces corregir, a la historiografía “oficial”.

Saldías no es el estereotipo del revisionismo. Abogado, liberal y masón, admirador de la labór histórica de Mitre. Por supuesto, es antirrosista. En 1877, al conocerse la noticia de la muerte de Rosas, un grupo de parientes y partidarios intenta hacerle un funeral. El gobierno no sólo lo prohibe sino que además organiza otro funeral: por las “víctimas de la tiranía”, en la catedral de Buenos Aires. Saldías es uno de los solicitantes de este contra-acto.

Años después, Saldías se propone continuar la historia desde donde Mitre había concluído la suya, y toma como centro de su historia a Rosas. Investiga, se entrevista con Manuelita (hija de Rosas), encuentra documentos perdidos, y publica su trabajo en 1885: Historia de Rosas y su época. De ninguna manera es una obra partidaria de Rosas, pero trata de ser honesto y objetivo respecto de este personaje, y con eso sella su suerte.

Ingenuamente, le envía su obra a su mentor Mitre para que la lea y comente, ya que está orgulloso de su obra. La respuesta es fulminante. El fundador de la Nación lo reprende como un maestro a un alumno descarriado. Le dice que a Rosas ya se lo juzgó (es decir, él lo juzgó) y no hay manera de verlo de otra forma. Buscar otros aspectos es inaceptable. El contundente argumento con que desacredita a Saldias es que no se puede hablar de Rosas sin “los nobles odios que todo buen liberal debe conservar siempre a la tiranía”

Demoledor. Sin el odio “que corresponde” no se puede escribir historia. Luego de esta respuesta comienza la soledad de Saldías. Nadie queire publicarlo, sus amigos y colegas lo dejan de lado, los diarios ya no hablan de sus escritos. Se dice que Paul Groussac, director de la Biblioteca Nacional, ante la pregunta de si había leído el libro de Saldías contestó: “¿Yo? Yo no leo eso”. Ninguna persona “culta” lo leía. Nada se decía de él públicamente. Silencio.

Hasta tuvo que cambiarle el nombre a su libro para que no sea tan sistemáticamente negado, y lo rebautizó Historia de le Confederación Argentina, ya que la palabra Rosas era demasiado fuerte. Desde España y latinoamérica se reconocía a Saldías, incluso su obra, que fué editada en tomos, se agotaba en las librerías, pero públicamente no se decía ninguna palabra en la Argentina. Era su castigo por haber sido honesto consigo mismo. Y ese mismo fué el castigo para tantos otros después de él que no se confrmaron con la historia oficial, como le ocurrió a Gálvez, a Ugarte, a Scalabrini Ortiz, entre muchos otros. Ya escribí sobre lo que le pasó a Scalabrini, creo que voy a seguir escribiendo sobre otros “silenciados”.

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2 Responses to “Saldías, el primer silenciado”


  1. 1 elma octubre 25, 2007 a las 7:14 pm

    estoy muy orgullosa de saver de mis raices la razon q investigue a saldias es por q es mi apellido me llamo elma saldias lazarte.

  2. 2 solange saldías abril 8, 2009 a las 10:39 am

    Hola soy Solange Saldías, nacionalidad chilena, me encantaría saber mas de los origenes del apellido saldías, es bueno tener estas publicaciones a mano.


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