Jauretche y las instituciones

Al gobierno actual se lo acusa a menudo de manoscabar las instituciones. No es que no lo crea; es más, considero que es una afirmación mas o menos cierta. Pero noto en esa crítica cierto fetichismo por la institucionalidad, como si ése fuera el valor supremo de una nación. Las intituciones son importantes ¡claro que sí!, pero están para servir a la nación y no al revés. Se me hace que entre una educación organizada con tanto desapego por el país, y sucesivos gobiernos que se c…. olímpicamente en cualquier norma que hubiera dando vueltas, nos embarullaron tanto la cabeza que nos terminamos por creer que si tenemos división poderes todo se va a solucionar. Así, un apriete del Poder Ejecutivo al Legislativo nos indigna más que la deuda externa; así, algunos deslegitimizan el reclamo por Malvinas sólo por haber estado conducida la guerra por un gobierno ilegítimo de asesinos; así, cada nuevo gobierno pretende hacer borrón y cuenta nueva como si el país empezara con ellos.

Pensando en todo esto, transcribo algunas frases de Arturo Jauretche sobre las instituciones y la patria, que me parecieron muy interesantes. Como es su costumbre, el maestro nos espabila de varias zonceras que nos aquejan…

La nación para la “inteligentzia” continúa siendo lo que fué para la Ilustración (…), que no la concibieron como un sistema en sí misma sino como medio. El fin no es la nación, lo son las instituciones: la república, la constitución, la democracia, la libertad misma, considerada ésta desde un punto de vista individual, y no desde un punto de vista nacional.

Desnaturalizada la noción elemental, que parte del suelo, confundiendo la libertad de la Patria con la libertad de los individuos, como la confunde con el régimen constitucional, o con la vigencia del régimen democrático, cuya deformación por otra parte tolera cuando hay el peligro de que gobiernen los patriotas. Porque si la Patria es lo permanente y las instituciones lo transitorio, hay en esta concepción de la Patria de la línea “Mayo-Caseros” una falla elemantal que es la de confundir al sujeto con el atributo: la Patria es; siendo puede serlo como monarquía o como república, como democracia o como dictadura, con mayor o con menor libertad de los que la habiten. No siéndolo, es decir, si su ser son los atributos y sólo los atributos, será república o monarquía, democracia o dictadura, etc., pero no Patria, porque la Patria es el sujeto, el sólo sujeto, y sin él los atributos no tienen dónde fijarse. Esto es lo que ocurre cuando la Patria no es la tierra donde se ha nacido o cuando la patria no es soberana porque la coartan su libertad la soberanía de otras patrias.

… de aquí que la traición a la Patria no resulta de la negación de su soberanía, sino la alteración de su régimen institucional. En tal mentalidad es motivo de proceso previsto en la Constitución; no lo es el aliarse con el extranjero si el motivo es defender las instituciones, cualquiera sean las concesiones que al extranjero se hacen, y que son imprescindbles porque el extranjero recaba precio.

Así se explica que la enseñanza primaria no ha estado dirigida a la formación de hombres sino a la formación de ciudadanos. No se ha querido formar hombres para la Patria, sino ciudadanos para las instituciones, que son el fin de aquellas, pues la Argentina no es una continuidad en el devenir histórico, sino el inmóvil punto de apoyo de las instituciones inmovilizado en el ideario que las creó.

La política de la historia falsificada tendió precisamente a cegarnos la visión de los fines históricos con fines ideológicos, de no dejarnos ver los nacionales para limitarnos a los que llamaron “institucionales”. De allí nuestros demócratas que no acatan a las mayorías, y nuestros liberales que reprimen la libertad. Se ha incorporado a nuestra educación el dogma de que la finalidad de la emancipación Argentina fue construir determinado régimen político, determinada forma institucional, y no ser lisa y escuetamente una nación donde la sustancia predomine sobre las formas. Seria demasiado grosero suprimir la nación, simplemente se le atan las manos haciendo de los instrumentos de su defensa, las redes que la aprisionan

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