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Carta abierta a Albertito

Alberto Fernández

Pobre Alberto, se ve que desde el año 2000 tenés una espina clavada por tus conciudadanos, cuando apadrinado por Cavallo perdiste la elección  de la Ciudad contra los candidatos de Aníbal Ibarra. En ese momento, tu jefe político acusaba a sus rivales de partisanos, mentirosos, tramposos, e impotentes, en una de sus rabietas antológicas.

Todavía hoy, Alberto, sangrás por la herida y te disgusta como votan los porteños. Decís que votan como una “isla”, y que les pedís a los porteños que dejen de votar “apartados del país”.

Yo me pregunto ¿Quien p… te nombró a como fiscal del voto de los demás? Como un porteño que votó a Cristina, me averguenzan impresentables que la secundan, tránsfugas cómo vos que se creen con derecho de poner en tela de juicio el criterio de elección de tus compatriotas.

Es triste que todavía cierta parte de la dirigencia política no entienda que en una democracia no se vota “bien” o “mal”. Se vota, y punto. Y gana lo que decide la mayoria. Punto final.

Y cuando uno pierde se tienen dos caminos. Uno es injuriar a los electores, ya sea tratándolos de cualquier barrabasada, como fué el caso reciente de Feinmann, tratando a los votantes de “fascistas”, “pelotudos” y hasta de “tacheros” (Claro… ¿Porqué mejor no decidimos nosotros, los iluminati, y nos dejamos de joder? Que seguramente es mucho más cómodo que andar por ahí tratando de agradar a toda esa manga de desagradecidos que tienen el tupé de no andar votándolo a uno). El otro camino, el arduo, y por lo tanto el acertado, es mirarse a uno mismo y tratar de descubrir qué coño estoy haciendo yo de mal para que un tipo como Macri arrase en la capital, y para que en el mismo distrito la candidata a presidenta saque la mitad del porcentaje de votos que a nivel nacional. Lo que se llama autocrítica ¿Les suena?

Estimados Albertos, Jose Pablos, Claudios, y demás caterva de “dedoacusadores” que culpan al clima de equivocarse cuando llueve y ustedes salen a la calle sin paraguas: En una democracia no hay votos correctos e incorrectos, hay expresión de la voluntad popular… nos guste o nos disguste. Aprendan a respetar las decisiones de su pueblo, que no les debe nada a ustedes, y dejen esa actitud de lloricas que dan verguenza ajena, incluso a quienes votan lo mismo que a ustedes.

Esa extraña luz en el cielo

¡Ma qué meteorito, ma qué estrella fugaz! La luz mala se hace presente en varias zonas de la argentina.

luz-cielo

Semo lo mejore, semo…

Leyendo este blog me encontré con un muy interesante post en el que el autor habla de nuestra irrefrenable vocación como país de arremeter contra los mejores, aún (y yo diría sobretodo) cuando las posibilidades de éxito son mínimas. Ya sea en política, en deporte, y hasta en lo militar, tenemos la extraña cualidad de pretender siempre jugar en primera aunque no nos “de el cuero”. La tan mentada arrogancia argentina.

Aquí el artículo completo (Deshonestidad intelectual)

A modo de comentario: no creo que sea una cualidad ni buena, ni mala. Lo bueno o malo es como se la maneja. Si sólo sirve para agrandarnos y degenerar en el piola-que-se-las-sabe-todas, flaco favor nos hacemos. Ahora, cuando aprendamos a canalizarla hacia la lucha por mejorarnos cada día más, puede ser una interesante materia prima a utilizar para hacer un país un poquito mejor.